domingo, 12 de febrero de 2012

EL NEGOCIO DE LA VENTA DE LECHE EN SALILLAS DE JALON

No esta tan lejos en el tiempo los años en que los animales domésticos (conejos, gallinas, cerdos, vacas etc) constituían para las casas de Salillas una parte importante del patrimonio familiar. Su presencia garantizaba el abastecimiento de alimentos necesario para la supervivencia; de la misma manera, la perdida de estos animales por enfermedad, vejez u otras causas podía constituir un fuerte contratiempo para el futuro de la casa.

Quizá uno de los animales emblema de las casas y con presencia en la mayoría de ellas fueron las vacas. Hasta tal punto fueron importantes que algunos de los vecinos más mayores me comentaban como una vaca era uno de los mejores regalos de bodas que podía recibir una joven pareja.

La presencia de las vaca, entre una y tres por cada casa, garantizaba la leche diaria durante todo el año, pero también constituía una fuente de trabajo diario (ordeño y limpieza establos). Para la alimentación de las vacas y demás animales criados en los corrales de las casas, se aprovechaban algunas parcelas para el cultivo de cereal (maíz, cebada, avena); Con la cosecha obtenida se acudía al molino de Salillas donde se transformaban en harinas con el que alimentarlos durante el año.

La leche obtenida diariamente era destinada al consumo de la familia, utilizando el excedente para su venta tanto a las familias que no tenían vacas como a los intermediarios de la leche, obteniendo con ello unas pequeñas rentas a añadir a la economía familiar.

Cuatro familias de Salillas trabajaron como intermediarios entre la recogía de los excedentes obtenidos en las casas y la venta a las Centrales Lecheras; un pequeño negocio donde obtener recursos económicos para complementar a los obtenidos por otros medios. Durante el periodo 1940- 1965 aproximadamente, fueron Jesus Nogueras, Lucio Monreal, Clemente Pericas y Pantaleón Moneva los que se encargaron de recoger los excedentes. Durante algunos años estos pequeños negocios convivieron al mismo tiempo, generándose entre ellos competencia en busca de la mayor recogida de leche y ofreciendo el mejor precio.
                                            Cantaras de leche

Aunque pueda parecer un negocio fácil, sencillo y cómodo, no lo fue tanto. Todos los días de madrugada, antes de la salida del sol, se acercaban los intermediarios a la estación a recoger los bidones metálicos o “cantaras” de alrededor de 40 litros de capacidad que venían facturados por tren y enviados por las distintos Centrales Lecheras y vaquerías.¶

Hacia las ocho de la mañana los vecinos de Salillas salían de sus casas con la leche sobrante del ordeño en cubos de zinc para venderla al intermediario deseado. La leche recogida de cada vecino era vertida en un pozal más grande o “medidor” que contaba con una varilla graduada en el centro y un flotador en forma de platillo insertado en la varilla. Una vez vertida toda la leche, la varilla ascendía arrastrada por el flotador, marcando en la parte superior del medidor la cantidad exacta de leche. En un cuaderno o “cartilla” iba apuntando la fecha, el vecino y la cantidad de leche entregada. Una vez controlada y anotada se vertía en los bidones suministrados por las Centrales Lecheras, mezclándose por tanto en ellos los litros de leche aportados por los vecinos.¶

¶Además de la cantidad de leche entregada, también se medía la cantidad de grasa que contenía, lo que coloquialmente llamaban "el grado de la leche”; esta valoración indicaba la mayor o menor calidad de la leche entregada por cada vecino; para calcular la grasa se utilizaba una especie de termómetro, llamado por los vecinos el “gradador”. Realmente el “gradador” no es sino un densímetro que medía la densidad de la leche. A mayor densidad mayor cantidad de grasa y por tanto de mejor calidad es la leche.
                                                Medidor de Leche

La medida de la grasa resultaba necesaria para intentar disuadir a aquellos que sentían la tentación de añadir agua a la leche a fin de obtener más litros y por tanto un poco más de dinero con su venta. Con el control de la grasa el intermediario de la leche podía incluso rechazar la leche ofrecida por el vecino si la calidad era demasiado baja. Muchas y variadas son las anécdotas que los vecinos recuerdan para intentar conseguir vender más litros de leche.¶

Las Centrales Receptoras de la leche, conociendo la picaresca existente en la compra-venta de la leche, entregaban pequeños botes para recoger muestras individuales de la leche entregada por cada vecino a fin de controlar su calidad y evitar posibles engaños y fraudes.

Una vez recogida la leche por los intermediarios del pueblo, esta debía enfriarse y conservarse a bajas temperaturas, especialmente en verano, para evitar que se estropease antes de su envío. Un método usado pare este cometido era meter los grandes bidones metálicos en depósitos o pequeñas piscinas de agua fría que garantizaban su enfriamiento y conservación. Los intermediarios se construyeron pequeñas casetas donde albergar este sistema para su conservación. Incluso se recuerda meter los bidones de leche en el tanque del agua del antiguo abrevadero del pueblo (ya desaparecido), ubicado junto a la fuente.

Otro método más recomendado en aquellos años pero más costoso estaba fundamentado en el contacto entre el agua fría que circula por un serpentín metálico cerrado y estanco con la leche. En un depósito cerrado con un serpentín en su interior donde circulaba el agua fría sacada de pozo, se vertía la leche por su parte superior. En su lenta caída en forma ducha iba rozando con el serpentín frio para recogerse de nuevo en la parte inferior ya enfriada. Jesus Nogueras utilizaba este peculiar aparato.¶
                                Sistema de enfriado de leche con serpentin

La manera de trasladar los bidones de leche hasta sus lugares de destino fue durante muchos por ferrocarril, aprovechando la cercanía de la estación al pueblo y los servicios de facturación de mercancías que ofrecía

Próxima la hora de la llegada del tren de mercancías, la leche era llevada a la estación de tren donde se facturaban los grandes bidones. Antes de la llegada del tren los bidones eran cargados en un carretillo metálico a fin de transportarlos rápidamente al vagón correspondiente.

Varios fueron los lugares que se recuerdan como destino de la leche obtenida en las casas de Salillas: La Central Lechera de Casetas (Sali), Morata de Jalón y la ciudad de Zaragoza (diversas vaquerías del barrio Delicias) y el barrio de la Azucarera en Epila.

Cada dos o tres semanas los intermediarios bajaban a los respectivos sitios de venta para cobrar la leche facturada. Una vez de vuelta con el dinero se repartía en sobres y se entregaba a las familias aprovechando la entrega diaria de leche.

A partir de la mitad de la década de los años sesenta el camión sustituye al tren, evitándose las Centrales Lecheras la presencia de intermediarios en los pueblos. Un camión lleno de cantaras metálicas entraba en Salillas dentro de su ruta de recogida de leche por los pueblos del valle del Jalón. A primera hora de la mañana recorría el pueblo parando en varios puntos donde los vecinos ya esperaban con sus pozales y cantaras de leche. En el camión viajaban siempre dos personas: el chofer y el medidor. De la misma manera que anteriormente se realizaba con los intermediarios del tren, una vez medida la leche en el “medidor” se anotaba en un cuaderno la cantidad de leche proporcionada por el vecino y se le entregaba un recibí o justificante. De forma intermitente y esporádica se realizaba la prueba del contenido en grasa antes de verterla en grandes cantaras que subían una vez llenas al camión; Igualmente se llevaba botes con muestras de leche de los vecinos para su análisis y control. Las pequeñas explotaciones de vacuno entregaban ya rellenas las cántaras de leche y se llevaban otras cántaras vacías para el día siguiente.

Se recuerda la entrada de dos camiones, uno procedente de la Central Lechera de Casetas (Sali), que duró muy poco tiempo y posteriormente el camión de CLUZASA, siglas que corresponden a Centrales Lecheras Unidas de Zaragoza S.A., cuyas instalaciones se ubicaban al comienzo de la Avenida Cataluña en Zaragoza.¶
                                                       Cartel de Cluzasa 1972

No conservan buenos recuerdos los vecinos en sus relaciones comerciales con Cluzasa. Los bajos precios que ofrecían por la leche, los medidores de leche trucados y entregas de leche impagadas en los últimos años fueron cansando poco a poco a los vecinos. La entrada del camión es recordado en el pueblo hasta finales de los setenta o comienzos de los años ochenta cuando las vacas fueron desapareciendo poco a poco de la vida del pueblo.

Para el pago de la leche, generalmente una vez al mes, venía junto al camión un coche con un encargado de la Central Lechera, responsable de entregar a cada vecino la cantidad adeuda. Los últimos años de vida de esta empresa fueron difíciles por lo que el pago de la leche recogida en Salillas se realizaba con pagares o “vales” para su posterior cobro. Muchos de estos vales nunca se llegaron a cobrar quedándose pendientes, generando malestar entre los vecinos ante el abuso continuo que cometía CLUZASA. En 1986 la empresa cerró definitivamente, dejando numerosas deudas sin pagar.

La producción y venta de leche no constituyó el principal medio de vida de las familias de Salillas, al ser un pueblo orientado principalmente hacia la agricultura. Se recuerdan varias pequeñas explotaciones de vacuno de leche, con un máximo de entre 15-20 vacas (según los vecinos); fueron Pedro Monreal, Antonio González, Licer Montesinos, Jesus Vicente, Martin Crespo, Jose Antonio Bernal y Arturo Serrano los que apostaron durante algunos años por este negocio, pero siempre complementando sus rentas con trabajos como jornaleros o explotando directamente sus propias tierras.

Un forma de vida ya desaparecida pero conservada en la memoria de sus vecinos.

¶Hasta la próxima,

                        Pablo Founaud 
INUNDACIONES, RIADAS Y AVENIDAS EN SALILLAS DE JALON Y SU ENTORNO A TRAVES DE LA PRENSA ESCRITA (1832-1956).

En este artículo repasaremos las inundaciones, riadas y avenidas del río Jalón que afectaron a Salillas y a pueblos del entorno en el periodo 1832-1956 apoyándonos en la prensa escrita de la época. Las grandes tormentas de verano llegaron a inundar el pueblo mientras las crecidas del río del Jalón en periodos prolongados de precipitaciones desbordaron el río causando graves pérdidas en las cosechas, desperfectos en las acequias, desalojos de pueblos, etc.

Antes de comenzar debemos tener en cuenta que:

- Hacemos referencia a fenómenos meteorológicos extremos, que no fueron los únicos en el intervalo de tiempo estudiado y que afectaron a gran parte de la ribera del Jalón, destacando únicamente los daños causados en Salillas y su entorno cercano.

- El estudio se ha realizado con la consulta a periódicos de ámbito nacional (La Vanguardia, La Correspondencia de España, Epoca) que traen breves reseñas a lo sucedido, mientras que el Heraldo de Aragón, con ámbito regional, desarrollaba más ampliamente las noticias.

- Reproducimos fielmente aquella parte de los artículos más interesantes y que más nos afectan sin entrar a juzgar la mayor o menor objetividad en la narración de los acontecimientos. Dejamos al propio lector que los juzgue y saque sus consecuencias. - He subrayado los titulares de cada artículo para luego desarrollar la noticia. En algunos años se hace referencia a periódicos de dos días consecutivos donde se concreta más la noticia.

 - Debemos recordar que en los años elegidos para el estudio predominaba la sociedad rural frente a la urbana y donde la agricultura eran el principal medio de vida de la gran mayoría de la población; por lo tanto, los daños producidos por las avenidas e inundaciones dejaron muy dañada la economía familiar y cerca de la miseria y ruina a muchas familias.

 - Por ultimo debemos señalar el lenguaje y expresiones que se utilizan en la prensa que poco se parecen al periodismo actual y que sorprenderán al lector.

1832
En el verano de 1832 el periódico Epoca cita: “Daños causados por el temporal en Zaragoza. Las perdidas son de gran consideración Siguen llegando noticias del desastre que ha ocasionado la última tormenta. Algunos pueblos han quedado incomunicados…. En Lucena de Jalón, Torrijo de la Cañada y demás pueblos de la ribera del Jalón y del Ebro se ha perdido todo lo que respetó el desbordamiento de dichos ríos hace unos días. La catástrofe ha producido una profunda consternación, pues quedan en la miseria numerosos pueblos.”

1897
En otoño de 1897 la Vanguardia cita: “Inundaciones en Aragón. Telegrafían de Zaragoza diciendo que se ha inundado el pueblo de Salillas de Gurrea?? a causa del desbordamiento del río Jalón”

El Heraldo de Aragón cita: El Jalón: “El río Jalón que baña la extensa y fértil vega se ha desbordado de su cauce ordinario. Las aguas se han elevado a varios metros de altura sobre el nivel normal de dicho río. En Plasencia ha causado grandes perjuicios materiales la nueva crecida. Las aguas han anegado los primeros pisos de algunas casas. Témese el derrumbamiento de algunas de estas si la crecida continua. Dícese también están inundados Ricla, Calatorao, Salillas, Rueda y Grisen… “

Al día siguiente el Heraldo de Aragón puntualiza acerca de la crecida del Jalón:“Las Inundaciones: Van conociéndose detalles de las inundaciones ocasionadas por el desbordamiento de los ríos en la comarca aragonesa”. Salillas de Jalón:”Han quedado por completo destruidas las plantaciones anegadas por la avenida. Las acequias de riego completamente cegadas, exigirán grandes reparaciones. La de la Hermandad, que proporcionaba el agua necesaria a la vega, ha quedado destruida en muchas partes sufriendo la presa grandes desperfectos. La variación del cauce del Jalón ha hecho que el trazado que antes recorría la acequia mencionada tenga que variarse. Hay muchos campos que se han convertido en pedregales, imposibles para el cultivo”

1913
En otoño de 1913 el periódico la Correspondencia de España cita: “En Zaragoza; se reciben en el Gobierno Civil noticias de los pueblos de la provincia dando cuenta de los grandes daños causados por las tormentas. En Salillas quedaron las calles convertidas en lagunas y se inundaron casas, llegando el agua en algunos barrios hasta los pisos primeros. Las autoridades, ayudados por los vecinos, realizaron activos trabajos para evitar desgracias.

El Heraldo de Aragón describe la situación de la siguiente forma: “Las Tormentas, Datos oficiales. Salillas. Sobre las dos de la tarde, descargó fortísima tormenta en este termino municipal, siendo tal la cantidad de agua y granizo caída, que parte de las casas del pueblo se convirtieron en grandes lagunas, inundándose en algunas patios, corrales y dependencias bajas. Próxima la recolección de la uva es de suponer haya experimentado considerables perdidas del viñedo con el ímpetu de la tormenta que venía acompañada de fuertísimo viento.

No han ocurrido desgracias personales, multiplicándose las autoridades y vecinos en los trabajos de desagüe en las viviendas. Las huertas parecen inmensas lagunas y nuestro río es de suponer experimente gran crecida con perjuicio de los campos de sus márgenes al rebasar su cauce.

Ricla: Horrible pedrisco cayó ayer tarde destruyendo cosechas por completo, casas inundadas, pueblo consternado, sin desgracias personales; imploramos auxilio al gobierno.

Calatorao: El alcalde de esta villa dice lo siguiente: A las cuatro de la tarde de ayer descargó una fuerte tormenta con gran cantidad de granizo; destruidas las cosechas de oliva, panizo, judías, alfalfa, y causando grandes perjuicios en la remolacha. No se tiene noticia de ninguna desgracia personal.

1932

En el verano de 1932 se recogen en La Vanguardia lo siguiente: “Destrozos causados por las tormentas. Pueblos en miseria, tierras inundadas, cosechas perdidas. Continúan recibiéndose noticias de los pueblos siniestrados a consecuencia de los temporales que revelan la magnitud del daño inferido en la agricultura zaragozana. En Salillas las fincas inmediatas al pueblo quedaron convertidas en grandes lagunas, con la pérdida completa de la cosecha”.
                                          Recorte del Heraldo de Aragón, año 1932
 
Al día siguiente el mismo periódico continuaba dando detalles de la catástrofe: “ Ha recibido el gobernador detalladas comunicaciones que expresan los daños causados por los desbordamientos de los ríos y que le dirigen los alcaldes de los pueblos de Paracuellos, Calatorao, Santa Cruz de Grio, Mozota, Purroy, Chodes, Arandiga, Alpartir , La Almunia, Urrea de Jalón, Berbedel, Azuara, Alagón y Lucena. El pueblo de Berbedel tuvo que ser abandonado por sus moradores que se refugiaron con sus ganados en el pueblo inmediato de Lucena de Jalón. Ha sido convocada una magna asamblea de los pueblos ribereños del Jalón damnificados por la riada para el próximo domingo. Tendrá lugar en La Almunia de Doña Gomina y están invitados todos los diputados a Cortes”.

Un fragmento de la editorial en el Heraldo de Aragón recogía la amplitud de la tragedia antes de desarrollar la propia noticia: “A consecuencia del temporal de lluvias se desbordan los ríos Jalón, Jiloca, Perejiles y Queiles y arrasan grandes extensiones de cultivos, ocasionando daños incalculables en las cosechas. ¡Cruel verano, que dejará perdurable recuerdo amargo y huellas de ruina y desolación que no se borrarán en mucho tiempo!. El temporal de lluvias reciente ha colmado la desventura. Los ríos desbordados han llevado la inundación a magnitudes excepcionalmente conocidas. Y esto ha acontecido en todos los ríos principales y sus afluentes que surcan el suelo aragonés. El Jalón, el Huerva, el Queiles, el Huecha, aumentado su ya crecido caudal del temporal de lluvias con las aportaciones aniquiladoras de las barranqueras convertidas en torrentes, han hecho del día de anteayer una efeméride aragonesa verdaderamente trágica. La extensión de la calamidad alcanza a gran parte de la tierra de Aragón.

Rara será la huerta que no haya quedado inundada y cuya destrucción no sea completa. Multitud de pueblos se han visto aislados y amenazados de desaparición. Las comunicaciones han quedado totalmente trastornadas. Vías férreas, carreteras, y caminos están cubiertos por las aguas. Los transportes han sido ayer, y lo serán en algunos días, empeño heroico. A fuerza de tanteos y rodeos de tiempo e incomodidades, algunas líneas de automóviles han conseguido que la incomunicación no fuera completa. Sin embargo, la incomunicación es absoluta entre muchos lugares vecinos. Y de los incomunicados nada
 se sabe; pero si alienta el temor de que hayan sido victimas de una desdicha irremediable.



Recorte del Heraldo de Aragón, año 1932
¡Verano cruel! Repetimos. Su recuerdo se asociará a las fechas fatídicas. Aquellas en las que el hambre y las pestes fueron azote no olvidado. ¡Año fatal para el campo! ¡Año implacable en el aniquilamiento del brío del agricultor aragonés, ahora descorazonado, aferrado al agro, que le traiciona!”

En sus paginas interiores se recoge un reportaje de dos periodistas que visitan la ribera del Jalón, acercándose a Salillas para comprobar los daños: ”La ribera del Jalón cubierta por las aguas” En las primeras horas de la mañana de ayer llegaron noticias alarmantes de algunos pueblos de la fecunda ribera del Jalón. El río, sembrador de ordinario de grandes riquezas, se ha desbordado, y ahora las destruye y arrastra bajo la mirada espantada de los labriegos, que tenían esperanzas fundadas en un gran año de cosechas. Salimos en un automóvil de Zaragoza con Marín Chivite, que otras veces cruzó por aquellos lugares para recoger la alegría de sus festejos.

A la entrada de Epila preguntamos por la importancia de la riada. Las respuestas fueron unánimes. Extraordinaria avenida. No se recuerda otra igual.

Preguntamos a los citados vecinos de Epila si podíamos llegar a Salillas de Jalón. Nos dicen que no, porque el río se ha llevado el puente que hay en la carretera a un kilómetro del pueblo. Seguimos el viaje, cada vez más interesados por la tragedia de aquellos labriegos y propietarios de la huerta más rica de Aragón. Y acaso también la más extensa.

Apenas entramos en el ramal de carretera que conduce a Salillas de Jalón, unos vecinos del pueblo de Berbedel que están a las orillas de una acequia desbordada, nos dicen que no podremos llegar a Salillas porque se está resquebrajando el puente.



Rio Jalón a la altura de Salillas (Difusión autorizada por Alfredo Sancho)
Puente sobre el Rio jalón en Salillas. (Cedida por Alfredo Sancho)

 
- ¿Y en su pueblo que pasa?

 - Pues que ha quedado sin vecinos y animales. A la primera hora de la mañana, al ver desbordada esta acequia llamada de la Villa y próxima a desbordarse la de la Hermandad que pasa por la única calle que hay en el pueblo, decidimos sacar a todos los chicos y luego caballerías y animales domésticos y trasladarlos a su próximo que es Lucena.

 - Y en la huerta, ¿ha causado la riada destrozos?

 - Esta toda cubierta por el agua. No ha quedado nada. Ahora estamos temiendo que se nos inunden las casas.

Y había en el acento y en el gesto de aquellas mujeres de aquellos jóvenes y de aquellos mozos, una resignación casi de fatalidad.

 El chofer que nos conduce, animado por nosotros y llevando como guías a unos buenos campesinos, que marchan por la carretera cubiertos de agua hasta la rodilla, se decide a conducirnos hasta el puente que hay sobre el Jalón. Allí están, viejos, jóvenes, mujeres y niños, gran número de vecinos de Salillas.

 A un lado y otro del puente, como un mar agitado por fuertes vientos, el Jalón que arrastra montones de gavillas de trigo, árboles, plantas de patatas y remolacha.

Las aguas se estrellan contra los pretiles del puente y están a punto de remontarlo. Un poco más abajo hay otro del que no se ve ya más que un punto negro de la bola del barandal. Y la inundación deja aislados de la tierra algunos caseríos, que prudentemente sus vecinos habían abandonado. Cada instante que pasa son más hondas, más anchas las grietas del puente. Y más fuerte el oleaje del río y más intenso su rumor. Las aguas color de chocolate, tierra de las huertas de la vega, van extendiéndose, ocultando mayor extensión de tierra. Desaparecen campos de panizo. Los labradores, los vecinos de Salillas, miran consternados al río. Y un viejecito, apoyado en su cayada dice:

 - Hace cuatro días ni corriente de agua había por debajo de este puente.

 Entablamos conversación con aquel viejecito de voz temblorosa, que reprendía a unos muchachos porque saltaban demasiado en torno a la zona que iban ganando las aguas.

 - ¿Había buena cosecha de trigo?

 - Como nunca. Además este año se había sembrado más que en ningún otro. En cambio se ha plantado mucha menos remolacha.

 - ¿Entonces las pérdidas….?. No nos deja terminar la frase.

 - ¡Las pérdidas… las pérdidas….! Una ruina ¿No ve usted que no queda ni un palmo de huerta que no este cubierto por el agua?

 -¿Cuando empezó a notarse la crecida?

 - Ayer tarde, a última hora. Pero ya con esta fuerza, desde la seis de la mañana.

Nos rodea un corro de gente. Marin Chivite hace fotografías: Uno dice

- Haga retratos, haga. A ver si luego nos indemnizan de esta ruina.

 Aun preguntamos al viejo:

 - ¿Recuerda usted alguna crecida del Jalón tan grande como esta?

 - No señor. Yo tengo sesenta años y he vivido siempre aquí. Una riada como esta no ha existido. Ni siquiera parecida.

Los demás asienten. Y entonces nos dan noticias de que en otros pueblos aun son mayores los estragos. En Ricla, dice uno, hay una familia que vive en una torre, que esta en peligro de perecer ahogada. Son una mujer y tres hijos, porque el marido salió con gran peligro y al intentar volver para recoger a los suyos, ya no pudo. Creo que han avisado a Zaragoza y han llegado soldados pontoneros.

 Otro nos informa. En Plasencia del Jalón llega el agua hasta los segundos pisos de las casas y el pueblo ha quedado totalmente rodeado de agua……

En un informe posterior encontramos detalladamente los daños producidos en Salillas:

“Salillas de Jalón: Desbordamiento de río Jalón!": De gran inquietud y pena es el día de hoy para este vecindario. Las primeras noticias recibidas son las de que el río Jalón, saliéndose de su cauce, invade grandes extensiones de cultivos de sus márgenes, arrastrando gran cantidad de cereales, que por las inclemencias del tiempo no habían podido acarrearse a las eras. Contemplo con verdadera pena su arrebatador ímpetu, viendo en su cauce grandes cantidades de cereales que el agua se lleva, sepultando en su corriente fundadas esperanzas del labrador.



Desde el puente del vecino pueblo de Lucena de Jalón parece hallarnos en un verdadero trozo de mar. La finca llamada “La Caseta” propiedad de los hermanos Rosel, ha sido desalojada por sus moradores en previsión de alguna desgracia, aunque a la hora que depósito estas notas en el correo no ha ocurrido, afortunadamente, percance alguno que lamentar.

No es posible de momento calcular las pérdidas, pues hortalizas, patatares, melonares, etc, que se siembran en las márgenes, por ser tierras más propias, todo se halla anegado.



Muchas tierras quedaran incultivados por el arrastre de su laboreo, siendo costoso el volver a ponerlas en condiciones de cultivo. Si a tanta pérdida agregamos el perjuicio que hace en las mieses las lluvias continuas y la mala perspectiva de cosecha que se avecina de remolacha, ¿que situación es por lo presente y como podemos considerar el año agrícola? ¿Podremos de alguna forma llevar al ánimo del labrador algún auxilio que en parte mitigue estas calamidades?

Pocos días después de la catástrofe el Heraldo de Aragón recogía la visita oficial de representantes del gobierno: “Salillas de Jalón: Visita Oficial. Acompañado de los señores de Acción Republicana de Zaragoza don Rafael Delatas, don Cesar Bonilla, Don Carlos Cuartero, don Rafael Rodríguez y don Benito Ariza, llegó a esta localidad el director general de Estadística y diputado a Cortes don Honorato de Castro. Su visita tuvo por objeto el hacerse cargo personalmente de los daños causados por las recientes inundaciones del río Jalón, cambiando impresiones con los interesados para poder llevar ante los Poderes Públicos el deseo y urgente necesidad de positivos auxilios.

Don Honorato nos manifestó que una vez enterado de los grandes daños originados en estos pueblos ribereños, se había entrevistado con el jefe del Gobierno y ministros de Agricultura y Gobernación, haciendo presente su interés en que con la mayor urgencia viesen la forma de mitigar tantas perdidas….”

                               Puente Salillas 1932. Cedida y autorizada por Alfredo Sancho



1936
En la primavera de 1936 el Heraldo de Aragón recogía en sus paginas el crecimiento y desbordamiento del río Jalón en la cercana localidad de Ricla: “Un gran temporal de lluvia. En Ricla, las aguas del Jalón invadieron toda la huerta y provocaron el hundimiento de un puente y de una casa. En muchas fincas, la riada se llevó las tierras de cultivo y dejó grandes montones de broza y cascajo. Los Pontoneros acudieron en auxilio de los habitantes de una torre donde el agua llegaba al primer piso. En Calatorao se halla interceptado el camino de la estación y se han hundido tres edificios”. Después de visitar la Cañada del Manubles, donde el desbordamiento de este río ha producido efectos catastróficos, hemos estado en Ricla, otro de los pueblos más perjudicados por la inundaciones. En la entrada del pueblo hemos encontrado a varios vecinos; con ellos hemos hablado de esta catástrofe que ha situado en la ruina a muchos pueblos aragoneses y ellos nos han facilitado una amplia referencia de lo ocurrido en Ricla. En este pueblo se inició la crecida del Jalón en la noche del domingo y alcanzó su plenitud el lunes al mediodía.

Como en los demás pueblos de la ribera el desbordamiento alcanzó una magnitud jamás conocida. En pocas horas toda la vega, que es rica y fecunda como pocas, quedó inundada y convertida en una colosal laguna.



La impetuosa corriente destrozó los cajeros de las acequias y los muros de contención, arrancó de raíz numerosos árboles y provoco desprendimientos de grandes masas de tierra. Las aguas alcanzaron una considerable altura y llegaron hasta las tapias de los corrales de las casas de la parte izquierda de la calle de la Cruz. Los vecinos de estas casas vivieron unas horas de gran inquietud y sobresalto pues dada la forma en que se desarrollaba la crecida temieron ver invadidos sus hogares. También llego el agua hasta las casas del barrio de la Estación. El lavadero público quedo totalmente inundado y cegada la fuente. En este lugar presentaba el río un aspecto verdaderamente imponente.

La herrería instalada en un local inmediato al lavadero y unas cuadras propiedad de Braulio Lausin, quedaron inundadas desde el primer momento. El local de la herrería se hundió en la mañana del lunes sin que ocurrieran desgracias personales.

La broza y los troncos de árbol cegaron el ojo del puente de la acequia situado en el camino de la estación. Esto hizo que se concentrara en aquel lugar una enorme corriente de agua que provoco el derrumbamiento del muro y de parte del puente quedando interceptado el camino. Las autoridades dispusieron inmediatamente que se colocara una pasarela de madera para que no se interrumpiera el transito y no quedara incomunicado el barrio de la Estación.

Heraldo de Aragón, año 1936

En la noche del domingo el pueblo vivió momentos verdaderamente dramáticos pues como se acentuaba la crecida del río se temía que ocurrieran desgracias personales. Como los inquilinos de la torre “ La Aleja” reclamaban auxilio por estar bloqueados por el agua, el alcalde comunicó telefónicamente con el gobernador civil del que solicitó el urgente envío de una sección del regimiento de Pontoneros. Los Pontoneros llegaron a Ricla a las doce de la noche e inmediatamente botaron una barcaza y, salvando grandes peligros y dificultades, pudieron acercarse a la torre, desalojando de ella a sus inquilinos.

La riada destruyó todas las cabañas y corrales de la huerta y la corriente arrastró a los animales que en ellos había, los cuales perecieron ahogados. También se llevo el agua gran cantidad de aperos de labranza.

 Y como consecuencia de todo esto se han perdido las cosechas de remolacha, cereales y hortalizas.

Al descender las aguas se ha visto que en numerosas fincas las aguas han hecho desaparecer tierras de cultivo, dejando enormes montones de broza y cascajo. Para poner en condiciones de cultivo estas tierras será necesario que pase algún tiempo e invertir mucho dinero y trabajo.

 La situación económica en que queda el pueblo no puede ser más angustiosa porque se da el triste caso de que también se había perdido la cosecha de fruta, que constituye una de sus principales fuentes de riqueza.

En Calatorao a consecuencia de las inundaciones se hundieron tres edificios. Desde Ricla nos hemos trasladado a Calatorao. Cuando llegamos a este pueblo y a pesar de haber descendido notablemente la crecida, todavía está inundada la mayor parte de la huerta.

Unos vecinos nos dicen que las fincas que más han sufrido los efectos de la riada son las enclavadas en las partidas de “Carniol”, “La Guitarra”, “ El Otro Cabo” e “ Irramiel” donde el agua llegó a alcanzar más de dos metros de altura. Las autoridades locales al advertir la importancia de la crecida, cursaron las oportunas órdenes para que fueran desalojadas las torres situadas en las inmediaciones del río y a esto se debió el que no ocurrieran desgracias personales. La zona inundada es de trescientos cahices de tierra, en los que había plantada remolacha, cereales y hortalizas. Las aguas han destrozado los sembrados y en algunas fincas han dejado montones de grava. En el soto de “Berbejo” quedaron inundadas hasta el primer piso dos torres que habían sido ya desalojadas y la impetuosa corriente hizo que ambos edificios se hundieran. Los inquilinos han perdido todos los muebles, ropas y enseres. También se inundó otra torre situada en la partida de “ El Otro Cabo”. Otra torre situada en la partida “Las Lofras” conocida por la Casa de los Rusos, resultó con grandes desperfectos. Estas familias de campesinos quedan en la más completa ruina.

Hemos recorrido parte de la zona afectada por el desbordamiento del río. El camino de la estación esta inundado y la corriente impide el paso. Solo se puede llegar hasta el puente sobre el Jalón. Para evitar posibles desgracias, las autoridades han prohibido terminantemente el paso de vehículos por el puente. Las perdidas ocasionadas son de enorme consideración y la mayoría de los labradores quedan en una situación muy crítica.

1949
En el otoño de 1949 Heraldo de Aragón cita: “El Jalón se ha desbordado. En toda la ribera se han producido grandes daños materiales Telefoneo desde esta villa en donde me encuentro (Ricla) incomunicado con Zaragoza porque los puentes de las carreteras que a ella conducen se han hundido arrastrados por la fuerza de las aguas. Un autentico diluvio ha caído por todas estas zonas y principalmente por la provincia de Soria donde ha reventado el dique del pantano de Monteagudo que ha ocasionado la principal inundación en todo el valle del río Jalón.
                                         Recorte Heraldo de Aragón, año 1949

 El puente de la carretera general cerca de Epila ha sido arrastrado por las agua, quedando por ello incomunicado el transito. También se hallan inteceptadas las entradas de Calatorao, Salillas, Longares y Cariñena”

1956
La ultima riada que citamos, y que muchos vecinos recuerdan sucedió a finales del mayo de 1956. El Heraldo de Aragón de aquellas fechas recoge: “Las inundaciones producen daños incalculables. Una vez más los elementos desencadenados han llevado a la ruina a una zona de la región aragonesa y concretamente de la provincia de Zaragoza, la de esas ricas riberas del Jalón y del Jiloca tan fecundas en sus diversos cultivos, y en la variedad de sus frutos arbóreos. Y han sido precisamente en un año prospero en lluvias, y ya vencido los temores de la estación que más riesgos ofrece al campo, en los aledaños de la siega y de la recogida de los frutos. La bendición del agua, por la que tanto suspiramos, con la vista puesta en nuestras estepas monegrinas y en todos nuestros secarrales ha sido ahora al caer en turbión sobre las cuentas de unos ríos y al desbordarse estos, la causante de la catástrofe en un extensión enorme de hectáreas de cultivo.

Salvamentos en el barrio de la Azucarera: La entrada de Calatorao nos impresiona. Desde las primeras horas de la mañana, todo el vecindario esta estacionado en la carretera que conduce a la estación totalmente aislada del pueblo por las aguas. Sus fértiles huertas están anegadas. El campo se ha convertido en un mar, un mar asolador que ha traído la desgracia a estos laboriosos campesinos.

El vecindario esta alarmado. El barrio de la Azucarera es un archipiélago desierto. Ayer, fuerzas de Pontoneros y Guardia Civil hicieron desalojar las humildes viviendas. Dos familias quedaron a merced de la furiosa corriente; dos familias que no queriendo abandonar sus hogares quedaron allí a correr una suerte a todas luces adversas. Fue el cabo de la Guardia Civil don Emilio Cubelos, comandante del puesto de Calatorao quien llevo a cabo el heroico acto de salvamento. Con agua hasta el pecho sacó uno a uno a todos los allí bloqueados y cargándoselos a las espaldas los fue llevando hasta el pontón navegado por fuerzas de Pontoneros de Zaragoza. Todo el vecindario junto a la Guardia Civil colaboraron en estos arriesgados salvamentos.

No se recuerda una catástrofe parecida: Nos acompañan en la visita a la zona del pueblo afectada el jefe de la Hermandad de Labradores, el teniente de alcalde de Calatorao, el secretario, y el cabo de la Guardia Civil. Todos coinciden:

En Calatorao no se recuerda una catástrofe parecida. Las perdidas son muy grandes, nos dicen. Afortunadamente no hay que lamentar desgracias personales.

- ¿En cereales?

- En cereales, en hortalizas y en remolacha que ya estaba nacida, la perdida es total. La inundación ha devastado lo mejor de nuestra huerta.

- ¿Hectáreas afectadas?

- Sobre quinientas hectáreas.

- ¿Frutales?

- Hay mucho frutal en esa zona, pero el agua no ha llegado a las copas, sino a la cruz del árbol.

Nos dicen que en la noche pasada, que se esperaba un descenso de las aguas, han aumentado estas en 25 centímetros.

- Hoy ha batido el record de altura. Más que en el año 35, nos aseguran.

- ¿Los daños traducidos a pesetas?

- Es imposible calcular. Hasta que la huerta no quede limpia de agua no podrá apreciarse el daño que ha causado. Lo que arrastre la corriente al venir el descenso será también un gran perjuicio. Los arrastres siempre se llevan la tierra y traen otras que desnivelan la huerta, aparte de producir roturas de márgenes y linderos. Estas pérdidas no pueden calcularse. El agua ha arrastrado viveros de frutales; son injertos pequeños y sucumbieron al primer empuje de la corriente.

- ¿Cómo se presentaba la cosecha?

- A pesar de las heladas del mes de febrero, venía bien. Si ahora no hubiese llovido de esta manera se hubiera salvado la cosecha íntegra, excepto el olivar que se heló para dos años.

Estamos ante el corte de carretera de la Estación inundada por dos sitios frente a la barriada aislada de la Azucarera, donde ayer fueron salvadas varias familias por fuerzas de Pontoneros y Guardia Civil.
La primera preocupación del pueblo fue evitar desgracias, nos dicen. Se temía que se derrumbase el puente viejo sobre el Jalón pero aún se mantiene en pie. Las balsas que contemplamos sobre la huerta impresionan; la corriente de las aguas sobrecoge”

En el mismo periódico:“ El río Jalón origina grandiosos perjuicios en las huertas de Epila” A consecuencia del fuerte temporal de lluvias acaecido en esta villa durante los días de la semana pasada el río Jalón embravecido se desbordó, rebosando sus aguas ambas márgenes arrastrando la corriente las remolachas, los trigos y demás plantas que hallaba a su paso por los campos.

Muchos fueron los vecinos que se desplazaron del pueblo para ir a presenciar la gran riada que iba tomando gran incremento hasta cubrir la carretera de la estación imposibilitando el paso de los vehículos y peatones. El coche de servicio de pasajeros de Zaragoza a Epila no pudo llegar al pueblo y el de La Almunia a Zaragoza que llega aquí a las dos de la tarde tuvo que hacer el viaje a Zaragoza por la carretera general y pasar por la Muela.

El programa del año no puede ser más pésimo para los agricultores. El mes de febrero dio un rendimiento continuo de grandes heladas que mucho perjudicaron a los olivares, igualmente se helaron también muchos trigos sembrados en el monte; y desde aquel entonces no han podido desarrollar los sembrados por falta de riego y como estas lluvias han llegado tarde la cosecha de cereales se reducirá a la tercera parte o acaso algo más que no compensará los gastos originados en la siembra.

En la huerta, que había alguna esperanza de recolectar lo sembrado, el desbordamiento del Jalón ha venido a arrasar las cosechas.


Hemos recordado con este extenso artículo siete momentos donde las fuerzas de la naturaleza aliadas con el Jalón muestran su fuerza y poder dominante sobre el hombre poniendo en peligro su vida y desarrollo económico.

 El Jalón, que discurre cerca de Salillas tranquilo y silencioso, guarda en su interior una fuerza que esperemos no tener que comprobar en el futuro.

 Hasta la próxima

Pablo Founaud

sábado, 11 de febrero de 2012

LA VIDA EN SALILLAS DE JALON (1900-1980)

La vida de ahora no es como la de antes; vivíamos con cuatro perras, trabajos duros y pocas comodidades”. Esta frase y similares son el sentimiento generalizado de muchos de los vecinos más mayores de Salillas, que con nostalgia pero sin pena recuerdan aquellos difíciles tiempos hasta la llegada del desarrollo económico en España a partir de los años sesenta cuando las condiciones de vida cambiaron poco a poco en el medio rural. En este artículo describiremos brevemente las formas de vida y trabajos que se sucedieron en Salillas a lo largo del siglo XX.

La Casa:

La casa, como en todos los pueblos de Aragón, constituía la unidad básica de la producción mediante la explotación de sus propiedades familiares. También la consideramos como una unidad de consumo de los recursos obtenidos y como una unidad en la vida social en sus relaciones con el resto del vecindario.

Para la supervivencia de cada casa fue fundamental el cultivo de las pequeñas parcelas que en forma de huerto cada familia poseía en las cercanías del pueblo, constituyéndose en la principal fuente de recursos. Las huertas abastecieron de los alimentos básicos a las casas (verduras, hortalizas, legumbres…). Hoy en día todavía son visibles algunas huertas en el camino del Molino que sirven como distracción a unos cuantos de los vecinos jubilados con tiempo libre; como complemento de estos recursos las casas disponían de los alimentos obtenidos con los animales domésticos (gallina, cerdo, vacas, palomas,…) que se criaban en los corrales. De este modo la matanza del cerdo (matacía) en los meses de invierno garantizaba carne para el resto del año, mientras las vacas, gallinas, conejos, palomos, etc suministraban diariamente leche, huevos y carne durante todo el año. La presencia de animales en las casas se recuerda hasta mitad de los años ochenta; desde entonces su presencia en la vida de los vecinos ha sido testimonial.

Por tanto solo se acudía a las tiendas para adquirir aquellos alimentos y otros bienes que no podían obtenerse con los propios medios de la casa como naranjas, sal, café, aceite o pescado. Nos encontramos en una economía de autoabastecimiento y autosuficiencia donde se intentaba conseguir todo lo necesario para vivir con los recursos que cada casa poseía, dejando solo lo imprescindible para el consumo exterior en las tiendas o en los arrieros que llegaban al pueblo en carros y viejas furgonetas ofreciendo sus productos en la plaza o directamente por las casas. Queso, frutos secos, cestas de mimbre, quincalla, abalorios, aceite, calzado, miel, especias, traperos (intercambiaban ropa por alimentos), leña (sarmientos de Tabuenca)… son algunos de los productos que recuerdan comprar nuestros mayores a los vendedores ambulantes. También algunos oficios, sin presencia en el pueblo, se acercaban para ofrecer sus servicios como los afiladores y estañadores (reparación de ollas y cazuelas metálicas).

La presencia de vides en los montes de secano de “El Goce” suministró a las casas las cosechas de uva necesarias para la elaboración de vino en las muchas bodegas en el barrio de las Cuevas, así como la obtención de recursos económicos con la venta de la uva o producción de vino. En la actualidad no quedan viñas en “el Goce”.

Un pequeño recurso económico habitual en muchas casas fue la venta diaria de la leche excedentaria obtenida de las vacas de la casa a uno de los vecinos intermediarios que recogían la leche para las Centrales Lecheras. También, de forma más puntual, la venta de las pieles de los zorros cazados gracias a los cepos que se ponían por los campos suponían la entrada de algún dinero.

Conseguir trabajo así como obtener alimento para la casa se convertía en aquel entonces en el objetivo diario de los miembros de cada familia.

Analicemos brevemente algunos de estas actividades que constituyeron un importante apoyo económico para la supervivencia de las casas.

La agricultura, principal medio de vida.

Una primera aproximación la hacemos a través del Censo Agrario dada la tradicional actividad agrícola como medio de vida de la mayoría de la población. El primer censo agrario fiable data de 1962, justo en el límite del comienzo de los cambios en el medio rural. Para la recogida de información en la elaboración de dicho Censo Agrario debemos aclarar previamente lo que el censo definía por explotación agraria, diferenciando

 entre:
- “Explotación Agraria con tierra” a cualquier extensión de terreno, en una o varias parcelas contiguas o no, que formen parte de una unidad técnico-económica de la que se obtienen producciones agrícolas, ganaderas o mixtos.

- “Explotación agraria sin tierras” a toda empresa que posea en total dos o más cabezas de ganado vacuno, caballar, mular, asnal, ovino, caprino, o porcino; veinte o mas gallinas, patos y gansos; veinte o mas conejos. Este ganado puede tener cualquier empleo o destino y estar en zonas rurales o urbanas

Con esta definición tan amplia, la gran mayoría de las familias de Salillas formaban parte del censo como explotación agraria con o sin tierra, ya que con una mínima parcela o dos animales era suficiente para su inclusión.

Antes de comentar los datos del censo debemos recordar que Salillas contaba en 1960 con un censo 667 habitantes y una extensión municipal de 2.51 km2 o 251 hectáreas (según Instituto Aragonés de Estadística). Los datos del censo abarcan tierras fuera de los límites municipales ya que las explotaciones gestionadas por los vecinos de Salillas se extendían más allá de los límites del término municipal.

Los datos recogidos en el Censo se podrían resumir en los siguientes aspectos : De las 158 explotaciones agrícolas censadas solo 2 de ellas no tienen tierra de cultivo (explotación agraria sin tierra); mientras que de las explotaciones con tierra, un total de 156, el 65% de ellas tienen menos de 5 hectáreas considerándose como pequeñas explotaciones; El total de las hectáreas censadas que cubren las 158 explotaciones fue de 871 hectáreas, de las que el 19% corresponden a las explotaciones de menos de 5 hectáreas antes citadas.

El total de parcelas censadas en estas 871 hectáreas fueron 958, de las cuales el 78% tenían menos de una hectárea de extensión. Respecto al régimen de Tenencia, el 65% de las hectáreas cultivadas es explotado directamente por sus propietarios quedando el resto en régimen de arrendamiento 12%, aparcería 18% y un 5% para otros tipos no definidas
Tras analizar los datos del censo llegamos a unas consecuencias:

- Una fuerte desigualdad en el reparto y explotación de la tierra, donde unas pocas explotaciones agrícolas consideradas de tamaño mediano y grande abarcan gran parte de la extensión cultivable, dejando a la mayoría de explotaciones (de pequeño tamaño) con poca tierra para el cultivo.

- Asimismo una fuerte parcelación formando un minifundismo extremo; Por otra parte la gestión mayoritaria de las explotaciones se llevó a cabo de forma directa por el propietario, sin descartar otras formas más minoritarias.

Esta situación trae como consecuencia que buena de los componentes de las familias deban buscarse otros trabajos para obtener recursos económicos, ya que el pequeño tamaño de sus explotaciones, unido a la temporalidad de los trabajos agrícolas y el elevado número de miembros por familia (entre tres y cinco hijos por matrimonio) no permitía vivir a toda la familia de la venta de las cosecha obtenida en las pequeñas explotaciones familiares

Para garantizar que cada familia tuviera al menos alguna parcela que cultivar el Ayuntamiento arrendaba a bajo precio a aquellas familias sin tierras o con muy pocos terrenos, dos fanegas o "hanegas" de tierra (aprox 1425 m2) para que pudieran trabajar la tierra y obtener recursos. La zona de las piscinas y las placas solares fueron una de las zonas cedidas en parcelas a los agricultores para su aprovechamiento.

Las especies que se cultivaron en Salillas han ido variando a lo largo del tiempo. Durante el siglo XIX, los cereales, mayoritariamente trigo y cebada y en menor medida maíz, ocuparon la mayoría de los cultivos. Tanto Madoz en su recorrido por los pueblos de Aragón con datos recogidos en su Diccionario Geográfico y Estadístico de 1855 como el “Anuario de Producción Agrícola y Ganadera” de 1857 así lo atestiguan.
Huertas proximas al pueblo en invierno (foto 2009)


Con la ubicación en Epila en 1904 de la fábrica azucarera y posteriormente la de Calatorao (1921-1924), la vega del Jalón se vuelca en el monocultivo de la remolacha azucarera especialmente durante los primeros cuarenta años del siglo XX, desplazando al trigo y cebada a un segundo plano. A partir de los años cuarenta el retroceso en el cultivo de la remolacha por la bajada del precio dada el exceso de oferta en el mercado, entre otras muchas razones, así como la aparición del Servicio Nacional de Trigo en 1939 que compraba las cosechas de trigo a los agricultores a buen precio provocó que los cereales y la remolacha se repartieran, según nuestros mayores, a partes iguales las tierras de cultivo en la vega del Jalón. En los años sesenta con la fábrica de Epila en pleno declive, el maíz sustituye a la remolacha y se convierte durante esta década en el principal cultivo junto al trigo. En los primeros años de la década de los setenta la introducción de los frutales, en especial de la manzana, cambió de nuevo radicalmente el paisaje de la vega del Jalón. Así en 1978 según el estudio de Ministerio de Agricultura sobre cultivos y aprovechamientos del suelo las plantaciones de manzanos ocupaban un 70% de los terrenos cultivados dentro del pequeño término municipal de Salillas.

La ganadería como actividad de negocio fue una actividad secundaria en el pueblo. Además de los animales domésticos existentes en casi todos los corrales, tan solo unas pocas familias apostaron por la ganadería como medio principal o de apoyo a la agricultura. El más conocido y todavía visible hoy en día es el ganado lanar formado por ovejas y cabras. Los que poseían algunas cabezas de este tipo de ganado pastaron siempre en las cercanías del pueblo aprovechando campos yermos, en barbecho, o recién cosechados y en el monte. En 1857 se contabilizaron 234 cabezas de ganado lanar, mientras en 1904 fueron 549 las cabezas existentes. En 1955 tenemos constancia de la presencia en el pueblo de 986 ovejas distribuidas en 10 explotaciones; pero debemos aclarar que entre cinco explotaciones aglutinaban el 90% del total de cabezas de ganado. Durante dicho año 1955 el Ayuntamiento les arrendó para su aprovechamiento como pastos los terrenos del “El Prado” (donde actualmente se asientan los chalets junto a las piscinas). Algunos años más tarde será una única explotación ganadera la que agrupe a todas las ovejas del pueblo alcanzando según el Censo Agrícola de 1980 un total de 1440 cabezas.
Unico rebaño de ganado ovino junto al pueblo (foto2009)

Respecto al ganado vacuno encontramos alguna familia que trabajó con este tipo de ganado de dos maneras diferentes; unas veces con la producción de leche a gran escala para su venta a las Centrales Lecheras y otras veces a través de un pequeño negocio de cría y engorde de ganado vacuno, adquiriendo animales jóvenes en ferias para venderlos una vez desarrollados, obteniendo un margen en el negocio.

Los trabajos en Salillas de Jalón

Además del trabajo propio del sector primario en agricultura y ganadería en Salillas encontramos diversas actividades donde se ocuparon los vecinos:

Inicialmente debemos distinguir dos tipos de trabajadores; los primeros, que formaban un sector minoritario, tenían unas rentas garantizadas por tener trabajos muy específicos y ser remunerados de mejor o peor forma por el Estado u otro organismo público (Ayuntamiento, Renfe). Este pequeño y selecto grupo estaba formado por el cura, maestro, medico, cartero, alguacil, veterinario, jefe de estación, factor y mozo y brigadas de Renfe.

El resto de trabajadores, además de explotar sus tierras y ganados, debían buscarse otra actividad para obtener unas rentas de sus trabajos como jornaleros en temporada en las grandes explotaciones agrarias de Salillas o pueblos próximos, en los pequeños comercios familiares y en distintos oficios instalados en Salillas.

Otros buscaron trabajos más allá de los límites del pueblo para ganarse la vida pero sin abandonarlo; fueron entre otros: venta ambulante, emigración temporal a Francia para recolección de la remolacha, peones de La azucarera de Epila en temporada, emigración temporal para el alquiler de cosechadoras en pueblos de Teruel, Soria y Zaragoza, y proyección ambulante de películas.Analicemos brevemente algunas de estas actividades:

La expansión de la remolacha durante la primera mitad del siglo XX en la vega del Jalón se convirtió en una oportunidad de empleo para los vecinos que, con escasas o sin tierras para el cultivo, conseguían la cesión de un terreno en arrendamiento o en aparcería para trabajarlo. En esta segunda opción el acuerdo entre propietario y jornalero era a “cuartos” y en el mejor de los casos “a tercios”; es decir el jornalero pone su trabajo y herramientas para llevarse al final la cuarta o tercera parte de la cosecha mientras el propietario del terreno se quedaba con el resto. Un negocio que hoy en día nos parecería ruinoso para el agricultor, pero cuya fórmula funcionó inalterada durante la vida de la remolacha en la vega del Jalón.

La fábrica de la azucarera en Epila fue también una fuente de empleo temporal. Durante el proceso de recepción de la remolacha de todos los agricultores de la vega y su posterior transformación fueron necesarios peones. Varios vecinos acudían diariamente a la fábrica de Epila en sus diversos turnos de trabajo. Acudían a pie en bici, o en moto aprovechando un pequeños carril junto a línea de ferrocarril (hoy día desaparecido), camino más corto entre Salillas y la fábrica de Epila.

Otra fórmula adoptada por otros vecinos fue la emigración temporal a Francia para la recogida de la remolacha. Durante aproximadamente el periodo 1955-1971 algunos vecinos de Salillas emigraban de dos a tres meses a Francia. Trabajaban a destajo para obtener un dinero con el que sobrevivir el resto del año, dado los buenos salarios que para los jornaleros imperaban en nuestro país vecino en relación con España. Trabajaban siempre para el mismo empresario francés, facilitando este el alojamiento y manutención durante su estancia.

Incluso algún vecino, aprovechando la incipiente mecanización del campo, marchaba con su cosechadora en temporada de recolección del trigo a mediados de los años sesenta, para arrendarla en los pueblos de la comarca de Daroca e incluso en pueblos de Soria colindantes donde no tenían capacidad económica para su adquisición.

Varias tiendas o comercio de ultramarinos abastecían los productos que los vecinos no podían conseguir con sus propios medios. Así además de alimentos era fácil conseguir albarcas, botijos, productos de limpieza, de mercería, etc. Su suministro se efectuaba principalmente gracias al ferrocarril. En la pequeña estación de Salillas era posible facturar paquetes para su envío así como recibirlos desde otras estaciones.

Además no podemos olvidar la presencia en Salillas de bares, cafés y cantinas, horno de pan, estanco, carnicerías, peluquerías, carbonerías, bodegas, sastre y posterior taller de confección textil, posada, farmacia y entidades financieras que dieron trabajo a las habitantes del pueblo; algunas de ellas continúan actualmente.

Los vecinos pagaban sus compras en los comercios en efectivo o en especie (trigo); en momentos escasez o a las familias más humildes se les fiaba a cuenta de la futura venta de alguna cosecha o cobro de algún trabajo. Algunos vecinos con tienda de ultramarinos salían con sus furgonetas a vender sus productos los días de mercado a pueblos cercanos.

Numerosos vecinos ofrecían sus servicios en distintos oficios como herrero, carpintero, albañiles, molinero y matachín. Curiosa es la forma en que el herrero cobraba sus servicios a sus clientes. Se podía acordar el mantenimiento de los aperos durante un año a cambio de dos anegas de trigo (1 anega = 17 kgs de trigo aprox según los vecinos). Otra forma para aquellos con más dificultades en el pago fue el sistema de “la caña”, de forma que tomando una caña se partía por la mitad; según el trabajo realizado el herrero hacia una marca con un cuchillo de mayor o menor amplitud en cada una de las dos medias cañas; de esta manera ambos recordaban el total del importe pendiente de pago. Con el tiempo se podían sumar otros servicios con nuevas hendiduras hasta abonar el importe de los servicios.

No siempre el trabajo era remunerado. El Ayuntamiento, escaso en recursos económicos, aprovechaba el esfuerzo de sus vecinos para realizar obras públicas en el llamado trabajo “a vecinal”. Con carácter obligatorio los hombres mayores de edad debían acudir por riguroso orden a la llamada del Ayuntamiento ante la necesidad de mano de obra; de esta forma los vecinos trabajaban un día en la obra pública correspondiente. Cada día cambiaban los esforzados vecinos en la obra hasta su finalización. Una vez acabada la lista empezaba de nuevo. Entre las obras que se recuerdan están la actual Escuela de niños de San Martin, la casa del médico y el arreglo de baches y agujeros de las calles.

El éxodo a la ciudad:

El éxodo rural de la población joven atraída por las grandes ciudades ha sido continua a lo largo de todo el siglo XX, pero acentuándose más en los años sesenta. Salillas no fue una excepción y el éxodo principalmente hacia la ciudad de Zaragoza golpeo de forma importante el crecimiento demográfico del pueblo.

Hasta los años cuarenta las elevadas tasas de natalidad conseguían contrarrestar las pérdidas de población por fallecimiento y emigración. De esta forma durante esta primera mitad de siglo la población de Salilas fue creciendo pasando de 583 habitantes en 1900 a 853 en 1940. A partir de 1940 el proceso se invierte. Los nacimientos en el pueblo se reducen y aunque el crecimiento vegetativo (nacimientos-defunciones) es positivo la emigración cada vez mayor implicó una pérdida de población. Poco a poco el crecimiento vegetativo se reduce mientras las tasas de emigración negativas continúan siendo elevadas por lo que la población disminuyó drásticamente en pocos años. En 1960 estaban censados 667 vecinos y disminuyó hasta 495 en 1980. En apenas cuarenta años (1940-1980) Salillas perdió el 40% de su población.



Fueron muchos jóvenes los que decidieron marchar de Salillas dada la escasez de trabajo, en busca de oportunidades de empleo en las ciudades. El éxodo de la población joven hacia las ciudades, acentuado en los años cincuenta y sesenta, mermó sensiblemente la población del pueblo, dejando una población envejecida y creando incertidumbre de cara al futuro. La cercanía del pueblo con la ciudad de Zaragoza, principal destino, les permitió seguir en contacto con el pueblo, acudiendo los fines de semana y periodos estivales.

Todo un conjunto de historias variadas que constituyen el pasado de un pueblo y que hoy en día recuerdan sus vecinos de mayor edad con nostalgia. Algunas de ellas las iremos desgranando dejando constancia en unas líneas del aquel difícil pasado que les tocó vivir.

Hasta la próxima,

Pablo Founaud
EL TRABAJO “A VECINAL” EN SALILLAS DE JALON

En algunas de las conversaciones mantenidas con los vecinos de Salillas el tema de los trabajos “a vecinal” ha estado presente. Mi interés por la organización y funcionamiento de esta fórmula de trabajo colectivo me ha conducido a escribir unas líneas que lo aborden.

El “trabajo a vecinal” es una formula extendida en muchos pequeños pueblos de nuestro país. En términos generales lo podemos definir como un sistema de trabajo por el cual el Ayuntamiento de la localidad, con escasos recursos económicos, aprovecha el esfuerzo puntual obligatorio y sin remuneración de los vecinos para colaborar en la construcción o mantenimiento de determinadas obras e infraestructuras públicas; de este modo las arcas municipales ahorraban unos jornales, se abarata el coste total la obra y se crea un sentimiento en la población de bien común al participar directamente en su construcción.

No puedo poner fecha de inicio al trabajo a vecinal en Salillas, ya que nuestros vecinos más mayores lo recuerdan como algo “de siempre” y según algunos escritos ya existía a comienzos del siglo XIX.

En Salillas, la organización del trabajo a vecinal la podemos resumir de la siguiente forma. El Ayuntamiento, ante el comienzo de una obra importante contrataba personal cualificado (obreros, arquitecto…), siendo los vecinos de Salillas los que trabajaban de peón a las ordenes de los primeros y bajo el control del alguacil. Cuando los trabajos eran sencillos solo acudían al trabajo a vecinal los vecinos del pueblo. Los varones mayores de edad (18 años) y censados en el pueblo formaban una lista por orden alfabético que el alguacil controlaba. Por riguroso orden el alguacil llamaba al vecino que le tocaba mediante una visita previa a su domicilio los días anteriores, anunciándole el día, hora y lugar donde debía acudir. Cada día cambiaban los vecinos que acudían a la obra en función de la lista. Por tanto cada vecino trabajaba un día entero y no volverá a trabajar a vecinal hasta que hayan pasado todos los vecinos de la lista. Cada día podían acudir unos o varios vecinos a trabajar a vecinal en función de las necesidades de la obra. Además los vecinos debían acudir con las herramientas y utensilios propios, asumiendo el riesgo de que se rompieran o deterioraran en la obra.
Tan solo por causas de fuerza mayor podían excusarse los vecinos de ir “a vecinal”. Si un vecino no podía acudir a la obra y las causas no eran estimadas por el alguacil cabia la posibilidad de buscarse un tercero que te sustituyera a cambio de pagarle un día de jornal. Las casas más pudientes eran las únicas que podían permitirse no acudir al trabajo vecinal y pagar el jornal correspondiente, aunque también, según algunos vecinos, los buenos contactos podían librarte de acudir al vecinal.

Los vecinos que decidían marcharse de Salillas, especialmente en los años cincuenta y sesenta, se debían dar de baja del censo para evitar ser llamados al vecinal. La lista se iba renovando para incluir a nuevos jóvenes o dar de baja a otros vecinos que emigraban o superaban la edad máxima para trabajar.

Los vecinos recuerdan acudir entre una y tres veces al año a trabajar a vecinal. Raramente pasaba uno año sin recibir la visita en casa del alguacil. En la última obra, la escuela pública de San Martin, los vecinos recuerdan ser llamados hasta siete veces para ayudar en las obras. La magnitud de la construcción, la necesidad de mano de obra y la fuerte emigración de jóvenes varones durante esta década, obligó a los vecinos residentes en el pueblo a un esfuerzo mayor.

¿Cuantos vecinos formaban parte de las lista para ir a trabajar a vecinal? Aprovechando datos de 1950 cuando el censo de Salillas alcanzaba los 820 habitantes, momentos de máxima población durante el siglo XX, realizaremos un sencillo y aproximado cálculo. Si quitamos la población femenina, los varones de 65 años y los menores de 18 años la población resultante era de aproximadamente 257 vecinos los que acudían al vecinal, es decir un 31 % del total de habitantes del pueblo.

Colegio Publico Salillas de Jalón.
Muchas son las obras que recuerdan los vecinos haber participado: el lavadero (1927), el arreglo de la carretera de acceso al pueblo hasta el puente (1932), la construcción de la casa del médico, el derribo del antiguo Ayuntamiento ubicado en el centro de la plaza (1955), el actual colegio público de San Martín (hacia 1966), el abrevadero junto al parque (aprox 1955), la limpieza del alcantarillado, la plantación de árboles, el arreglo y empedrado de algunas calles del pueblo, e incluso un trabajo a vecinal voluntario para obras en la Iglesia.

El fin del vecinal de Salillas lo encontramos tras la construcción de la escuela de San Martin a finales de los años sesenta, cuando la presencia de un ayudante del Gobernador Civil de la provincia sirvió para informarle de la escasez de trabajo que había en el pueblo y la obligación del trabajo “a vecinal”; Como respuesta el ayudante del gobernador prohibió en Salillas desde ese momento esta organización de trabajo.

Un antiguo sistema de participación del vecindario en la mejora del pueblo que los hombres mayores del pueblo vivieron y que forma ya parte de la historia de Salillas de Jalón.

Hasta la próxima

Pablo Founaud

CINE, EL TEATRO Y OTROS ESPECTACULOS EN SALILLAS DE JALÓN

Con este sencillo artículo describiremos, gracias a los recuerdos y vivencias de los vecinos de Salillas, la presencia de los ambulantes del cine que, con sus proyectores y películas, amenizaron durante muchos años las noches en Salillas. El teatro, el circo y algunos espectáculos musicales también formaron parte de la vida del pueblo hasta mediados de los sesenta, dejando entre sus habitantes un buen recuerdo.

EL CINE (1940 – aprox. 1965)


La escasa presencia de alternativas de ocio en Salillas convirtió las proyecciones de películas en uno de los acontecimientos más esperados con la llegada del fin de semana. La buena acogida de los vecinos garantizó que las proyecciones permaneciesen durante muchos años, constituyendo un evento social en la vida de Salillas.
Desde Grisen y Ricla llegaban a Salillas en tren, moto o furgoneta dichos personajes con sus proyectores o “maquina para hacer cine” para exhibir sus películas y entretener a los vecinos durante aproximadamente la hora y media de cada proyección. Previamente el alguacil anunciaba por todo el pueblo la hora y lugar de la proyección. Con una trompetilla recorría las calles del pueblo avisando a los vecinos de cualquier acontecimiento y entre ellas el cine.
Dos fueron los escenarios utilizados para las proyecciones:
- En los meses de verano y si el tiempo lo permitía, las películas se proyectaban al aire libre en la plaza utilizando una gran sabana blanca como pantalla; al final de la misma el ambulante pasaba la bandeja a fin de recoger la voluntad de los vecinos. Los más jóvenes, con escasos recursos económicos, intentaban con astucia evitar la bandeja colocándose en lugares estratégicos de la plaza donde ver la película con comodidad y abandonarla rápidamente una vez terminada.
- Durante el resto del año el antiguo salón social (calle Aragón nº 32, actualmente bar del pueblo) era el lugar de la proyección. A la entrada del salón el ambulante cobraba la entrada a los que se animaban a ver la película.
Para asistir a la proyección los vecinos de Salillas salían pronto de casa, cada uno con su silla, a fin de conseguir un buen sitio. Todos coinciden en una afluencia masiva a las sesiones.
Al principio las películas proyectadas eran en mudas, en blanco y negro, y donde el ambulante iba narrando la historia y reproducía los diálogos entre los personajes que aparecían en la película. Con el paso del tiempo, hacia mediados o finales de los años cuarenta, llegó el cine sonoro y su labor interpretativa desapareció.
Una de las preocupaciones de algunos vecinos de Salillas era saber la clasificación de la película para autorizar o no a sus hijos a presenciarla. Recordamos que en aquellos años el Estado realizaba una primera clasificación entre las que superaban la censura, dividiéndolas en dos grupos: “para mayores” y “para todos públicos”. Según los vecinos todas las películas proyectadas fueron aptas para todos públicos.
La temática de las películas era variada (cómica, guerra, espías, dramas, acción…) aunque quizás con algo más de frecuencia se exhibían “western” o películas del “oeste” donde la lucha entre indios y vaqueros era obligatoria.


Cada película estaba formada por dos o tres rollos de cinta y duraban alrededor de una hora y media. Se recuerdan varias películas de las proyectadas durante los últimos años: “Tres hombres malos” (oeste 1948), “Cara de Bronce” (acción, rodada en 1954), “Quinto patio (1950)”, “Drácula”( terror 1958), “La hija del panadero” (drama 1949), “El Padre Pitillo” (comedia 1955), “ El día más largo” (bélica 1962), “La tortura de la carne” (1940).
Las películas se proyectaban principalmente los fines de semana en especial la tarde-noche del viernes y domingo aunque puntualmente podían aparecer los ambulantes con el cine cualquier otro día.
Durante el periodo 1957-1961, se acercaron a Salillas con sus proyectores Mariano Julián, Victorio Sánchez, Pedro y Jose Arias. En este periodo el Ayuntamiento cobraba al ambulante una tasa por la utilización del salón que fue de 100 pesetas por proyección, mientras que por la proyección en la plaza la tasa a pagar ascendía a 25 pesetas.

Muchas han sido las anécdotas recordadas durante las proyecciones como roturas y atascos de la película, el cambio de orden en la colocación de los rollos, desaparición del sonido, proyección de películas no programadas etc; a pesar de estos inconvenientes los vecinos siguieron acudiendo puntualmente a su cita con el cine cada fin de semana
En Salillas también se recuerda una familia, Los Jaque, que se introdujeron en el negocio de la proyección de películas en el medio rural; dueños de un proyector exhibieron sus películas en el pueblo y salieron durante unos pocos años a proyectar por pueblos cercanos. Una de las películas más recordada por los vecinos es “El pozo de las angustias” (drama 1951) dado el aburrimiento general que causó entre el público y cuyo título y argumento quedó grabado en la memoria de todos los que acudieron.

Las proyecciones se recuerdan a partir del final de la Guerra Civil, no pudiendo concretar si anteriormente tuvieron presencia en el pueblo, y llegaron hasta mediados de los años sesenta cuando la popularización y extensión de la televisión, así como el éxodo rural, fueron, entre otras muchas razones, las que acabaron con el cine.

Debemos destacar la importante labor social que realizó el cine ya que sirvió para reunir durante muchos años a todos los vecinos de Salillas delante de una pantalla.
Mucho ha cambiado la vida en Salillas desde que el cine desapareció, pero todavía hoy en día los vecinos recuerdan con nostalgia en sus tertulias los buenos momentos y anécdotas que disfrutaron durante años con las proyecciones. Todo un buen recuerdo.

EL TEATRO Y OTROS ESPECTACULOS

No solo hubo cine en Salillas; la llegada de compañías de teatro, denominas por los vecinos como “comediantes” animaron también las noches en el pueblo. Una vez acabada la Guerra Civil, las pequeñas compañías de teatro intentaron salir de la pobreza mediante actuaciones en el medio rural, donde residía buena parte de la población española.
Llegaban generalmente en tren o en viejos autobuses y con la intención de quedarse en el pueblo durante varios días, incluso semanas, exhibiendo todas sus obras. “Don Juan Tenorio” fue una de las obras que recuerdan los vecinos.

Para la sesión de teatro alquilaban el antiguo salón social al Ayuntamiento. Al igual que en el cine, el alguacil anunciaba su presencia en el pueblo, al mismo tiempo que se colocaba un cartel en el Ayuntamiento. De la misma manera cada vecino acudía desde su casa con la silla para ver la obra. Para entrar a presenciar la función se cobraba una entrada, asegurándose la compañía una recaudación independientemente si la obra gustaba al público asistente.

Los comediantes se alojaban en casas o habitaciones que los vecinos de Salillas les alquilaban durante su estancia. La pobreza y miseria rodeaba a estas compañía, por lo que algunas veces abandonaban el pueblo sin pagar los alquileres o gastos en las tiendas. Un caso extremo llegó cuando se pidió en la iglesia que se ayudara a una compañía para que pudieran comer y continuar su camino hacia otros pueblos.
Aun se recuerda alguna compañía que, pocos años después de actuar en Salillas, triunfó en el escenario interpretando sus obras en grandes teatros e incluso en la televisión.
Junto al cine y el teatro también es recordada la presencia de un espectáculo de “variedades” o “varietes” en el que mezclaban la música, el baile y algo de humor; las pequeñas compañías actuaban en el salón social en una única sesión abandonando el pueblo posteriormente. De Calatorao acudían a Salillas los “Conchales”, un pequeño grupo formado por un matrimonio y sus dos hijos que tuvieron éxito en los pueblos donde actuaban.
También de manera puntual se recuerda la presencia de pequeños circos que, con básicas atracciones de contorsionismo, equilibrismo, magia, humor y algún animal amaestrado, buscaban sobrevivir en una España empobrecida y de escasos recursos económicos. Los vecinos recuerdan sus pequeñas carpas tanto en la plaza como en la calle Vista Alegre, donde actualmente se ubican las nuevas viviendas junto a las cuevas.
Además, de forma improvisada y espontánea, podían llegar y actuar en la plaza los que coloquialmente se les denominaba los “hongaros”: artistas callejeros ambulantes que se acercaban a Salillas con espectáculos de música, baile, malabarismos y pequeños actuaciones con animales (la cabra y el mono) en busca de la propina de algunos vecinos y continuar un viaje sin rumbo fijo por la geografía española.
Todo un variado mundo de personajes ambulantes que en los difíciles años de la postguerra aterrizaron en Salillas con el objeto ganarse la vida, en unos años donde los recursos económicos de muchas familias del pueblo eran también escasos.
Agradecer a los vecinos de Salillas que han querido compartir sus buenos recuerdos sobre el cine y otros espectáculos para la elaboración de este artículo, y mi confianza en que lo sigan haciendo para próximos temas a investigar.

Hasta la próxima

Pablo Founaud